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Te Llamaba "Ternura"
Eras la custodia oficial
en la empresa en que trabajaba.
No tenías días libres
y no eras muy bien remunerada.
Cumplías con tu tarea
sin reclamar nunca nada.
Con una simple caricia
al pasar te conformabas.
Dormías como cualquier perro.
Ante el menor ruido te despertabas.
Eras lo más dulce que conocí.
Por eso *Ternura * yo te llamaba.
Al escuchar mi voz...
Tus orejitas parabas...
Pues sabías que mi trato hacia ti.
Era como a una gran dama.
Hasta que un día llegué tarde.
En esta ciudad ¡tan convulsionada!
El tráfico era un caos...
Estacioné y caminé apresurada.
Al encender la luz de mi oficina
oí que alguien se quejaba.
¡No pude creer lo que veía!
¡Eras casi una piltrafa humana!
Me miraste con esos ojitos
de miel almibarada...
Te abracé sin importarme
que mis ropas se mancharan.
Comenzaron a arrimarse...
El jefe y otras empleadas.
"Parece que el robo fue"
muy temprano esta madrugada.
Y cuando su perra vio al ladrón
que al portero amenazaba.
Se abalanzó sobre el mismo
Mientras el con un hierro le pegaba.
Ella quedó junto al portero
como el; inmovilizada.
Su "Ternura"… fue la custodia
hasta que el personal llegara.
Su aliento fue el único oxígeno
hasta que llegó la ambulancia.
Pero ella no se dejó tocar.
Seguro que a usted la esperaba.
Te miré fijo a los ojos
Y asentiste con la mirada.
Como diciendo ¡mamá!
Demoraste esta mañana...
Tu corazón junto al mío
muy lento ya palpitaba...
Solo atiné a alzarte
y correr a la veterinaria.
Parecías un bebé, y yo,
yo calor con mi cuerpo te daba.
Llorando todo el camino
y mientras te examinaban.
Te entablillaron las costillas.
Tenías ¡tantas quebradas!
Habías perdido ¡tanta sangre!
Mi "Ternurita" fiel empleada.
Cumpliste con tu tarea.
Pero no te sirvió ¡de nada!
Tu ama llegó muy tarde.
Cuando casi agonizabas.
De solo pensar en tu fin.
De dolor se me embarga el alma.
Y lloro de impotencia
de intolerancia ¡de rabia!
Mientras te curan sostengo
lo que quedan de tus patas.
No se que será de mí...
sol de mis mañanas...
Hoy me reintegré a mis tareas
junto a la pena que me acompaña.
No encuentro tu cuerpecito tibio.
Alfombrita color dorada.
Soy un robot que hace cuentas.
Que sigue atendiendo llamadas.
Que tiene los pies en la tierra.
Pero en su cabeza ¡nada!.
Un ladrón no solo robó a mi empresa.
Sino que te mató con saña.
Que allí en la cárcel se pudra,
y la sangre se le haga agua.
Que sólo recuerde tus ojos
cuando feroz te golpeaba.
Será su peor castigo.
y para mi la mejor venganza...
Libia Beatriz Carciofetti / Argentina
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