Me acosté en la arena y soñé
formas:
los insectos se marchaban
de nuestra casa.
Bajo el ala está el sombrero
cortado:
por ahí nos juntábamos a espiar
las temibles pisadas
puestas en señal de enojo.
Ya no hay pasos
sólo el eco
del zurcidor alejándose.
éramos más en los ratos libres
en las baldosas
solíamos mirar
cualquiera de nuestras caras.
Ni una mujer ni un animal
la gata en la ventana
está mirando
por ella
por los contornos
desde la cintura
hacia los ojos
abiertos
a ese espacio
que invade la habitación.
Hebras de plata cuelgan del amanecer.
Mensaje a medias que vuelve
y cicatriza lo fantasmal de un cuerpo.
Besa la boca. La cara
hace del hábito algo más.
Toca y deja en las manos
esa huerta que clausura
como una cima sin bordes
sin abismos
sin pestañas.
un jeroglífico enmascara
cada una de las dichas.
 
Del libro: “La Habitación” (Ediciones Último Reino, 1992)
Si quieres ver otros poemas del libro o comunicarte con Liliana Aleman,
no dejes de visitar: “lahabitacióndela.blogspot.com”
|