Era una niña feliz 
siempre hubo alguien 
que la protegió y que nunca 
dejó que ni el aire le hiciera daño.
Era frágil y fuerte a la vez
 como pétalos de rosas...
La escarcha de la mañana, 
la hacía más bonita todavía. 
Y su padre la miraba y le decía...


-Siempre te querré mi pequeña-


Pero esa niña creció eh igual que ella sus pétalos
también; tuvieron que hacerse más fuertes...
Aunque algunos fueron cayendo en el camino 
dejando su olor y su dolor...
Hoy esa niña es una mujer,
tiene ilusiones y una nueva rosa...
Volverá a soñar con sus pétalos.



Mayte Verena Sobrino
©"Charruita"
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