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Por donde viajan las estrellas
Puedes estar bien con los demás, pero es importante saber cuán
bien estás en soledad.
Puedes querer manejar la vida de los demás, pero sólo si has sabido
manejar la tuya desde la comprensión y la aceptación de tus errores
y fracasos, comprenderás que ya no quieres manejar a los otros.
Nada vale por sí mismo, todo tiene un valor que está dado desde
nuestras necesidades, deseos y aspiraciones, pero solo cuando hemos
aprendido a mirar con los ojos del alma, todas las cosas y gente
revelan que su valor está ligado al nuestro.
La felicidad no es eterna, aunque eterna es, ciertamente, la
posibilidad de ser felices.
La felicidad no se compra ni se vende, pero siempre habrá un motivo
para dar felicidad y recibirla en el camino.
Somos seres sociales, por lo tanto somos el producto de la relación
entre hombres y mujeres que nos desearon para su felicidad de tal
forma que hoy podemos tener nuestro legítimo intento, de repetir
aquella hazaña, de encender una luz.
Amamos nuestra libertad sin embargo la perdemos a causa de querer
encadenar a los demás a nuestro corazón. Nadie tiene a las nubes
atadas con cadenas.
El amor no es vivir el uno para el otro, sino vivir para compartir
la maravillosa experiencia de estar vivos y encontrar en cada tiempo
la esencia que perfuma a la existencia con distintos matices y darle
a la vida algo de lo que ella nos dio.
Para amar no necesitas más que disponer lo mejor de tu alma en el
precioso jardín de los sueños del otro y saber que cada ilusión
ajena es tan respetable como cualquiera que florezca en ti.
No busques que los demás te hagan feliz, comienza por amar, respetar
y compartir lo que te han dado, luego sabrás cómo amar, respetar y
compartir con el otro el mundo de los sueños con sus cielos
luminosos y aún con los oscuros, entonces podrás pintar en la
realidad de todos los días, un nuevo horizonte por donde viajan
estrellas.
©Charruita
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